
Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee vive solo una.
—George R.R. Martin
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«Si lo que Quiero Decir es Colibrí»—Natalie Diaz
En mojave, las palabras que usamos para describir nuestras emociones son literalmente arrastradas por nuestro corazón antes de decirlas—empiezan con el prefijo wa-, una forma abreviada de iiwa, nuestra palabra para corazón y pecho. Así que nunca preguntaremos a la ligera, ¿Cómo estás? Preguntamos directamente por tu corazón. Tenemos una forma de decir que nuestro…
«De aquí no necesito nada»—László Krasznahorkai
Lo dejaría todo aquí: los valles, los montes, los caminos y los arrendajos de los jardines, dejaría aquí a los pavorreales y los padres, el cielo y la tierra, primavera y otoño, dejaría aquí las salidas, el anochecer en la cocina, la última mirada amorosa, y todas las direcciones hacia la ciudad que te hacen…
«El Caso de la Cabaña del Cazador»—Agatha Christie
«Después de todo,» murmuró Poirot, «es posible que esta vez no me muera.» Viniendo de un enfermo sufriendo de influenza, pensé que el comentario era una muestra de beneficioso optimismo. Yo mismo había sido el primer enfermo. Poirot, a su vez, había caído también. Ahora estaba sentado en la cama, apoyado con almohadas. «Sí, sí,» continuó mi amiguito. «¡Una vez más volveré a ser yo…
«Un Pequeño Viaje»—Ray Bradbury
Había dos cosas importantes: una, que era muy vieja; y dos, que el Sr. Thirkell se la llevaba a Dios. Porque no es como que le dió una palmadita en la mano y le dijo: “Sra. Bellowes, despegaremos al espacio en mi cohete, e iremos a buscar a Dios juntos.” Y así iba a ser.…
«El Ruiseñor y la Rosa»—Oscar Wilde
«Me dijo que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas,» gritó el joven Estudiante; «pero en todo mi jardín no hay ninguna rosa roja.» Desde su nido en el roble lo escuchó el Ruiseñor, que miró a través de las hojas y se lleno de asombro. «¡No hay ni una rosa roja en todo mi jardín!» exclamó, y sus hermosos ojos se llenaron…
«El Collar»—Guy de Maupassant
Era una de esas chavitas bonitas y encantadoras, hija, como si fuera error del destino, de una familia de oficinistas. No tenía dote, ni expectativas, ni modos para ser reconocida, ni entendida, ni amada, ni casada con un hombre de distinción y fortuna; así que se dejó casarse con un funcionario menor en el Ministerio…
«Cosas Que Mi Madre Dijo»—Nana Kwame Adjei–Brenyah
Lo que más le gustaba a mi madre decirme era, “No soy tu amiga.” Seguido me diría, “Eres mi hijo primogénito, mi único hijo,” como recordatorio para no morir. Amaba decir, como para mantenerme humilde, “Yo no tuve una madre. Tú tienes suerte. Tú tienes una madre.” Cuando la tele se apagó, mi madre dijo,…
«Hoy Cuando Te Pregunté Sobre Una Pareja Que Conocíamos En Canberra»—Kathy Fish
¿Cuáles eran sus nombres? Él trabajó contigo. Sus hijas la hacían de niñeras. ¿Recuerdas que criaban gallinas en su jardín antes de que fuera cool criar gallinas en tu jardín? Ella me llamaba “linda” y por mucho tiempo pensé que me estaba llamando “vida.” ¿Crees que sigan vivos? Te apuesto a que no los reconocería…
«Catedral»—Raymond Carver
Este hombre ciego, un viejo amigo de mi esposa, estaba de camino a pasar la noche aquí. Su esposa había muerto. Así que estaba visitando a los familiares de la esposa muerta, en Connecticut. Llamó a mi esposa desde la casa de sus suegros. Se hicieron arreglos. Él vendría en tren, un viaje de cinco…
«El Chacal»—Joy Baglio
Es viernes por la noche y has hecho lo impensable. Sacaste la bola de boliche de tu padre, la del Chacal Fantasma, de su estuche rígido, cerrado con llave debajo de la cama de tu madre—la bola que parece una versión púrpura y negra de la tierra, la cabeza de un chacal saliendo de los…
«Lo Profundo»—Anthony Doerr
Tom nace en 1914 en Detroit, a medio kilómetro de Sal Internacional. Su padre está fuera de escena, en algún paradero desconocido. Su madre opera una pensión llena de puertas con llave, detrás de las cuales estaba inundado de las sombrías posesiones de itinerantes trabajadores de sal: abrigos del color de ratones, botas andrajosas, aguatintas…
«Mi Tío Fred»—Heinrich Böll
La única persona que hace tolerables mis recuerdos de los años después de 1945 es mi Tío Fred. Vino de la guerra a la casa una tarde de verano, con ropa modesta, usando su única posesión, una lata, en un hilo alrededor de su cuello, y aguantando el insignificante peso de unas cuantas colas de…
«¿Dónde Estás?»—Joyce Carol Oates
El esposo había caído en el hábito de llamar a la esposa desde algún lugar en la casa—si ella estaba en el piso de arriba, él estaba abajo; si ella estaba abajo, él estaba arriba—y cuando ella contestaba, “¿Sí? ¿Qué?”, él seguiría llamándola, como si no la hubiera escuchado y con aire de paciencia tensa:…
“La Serie de Oradores del Sur de Asia Presenta al Arqueólogo y Aventurero Indiana Jones”—Tania James
“Pero, si me preguntan a mí,” dijo Indiana Jones, “pertenece en un museo.” Hizo una pausa para que eso pegara. Estaba sentado en el escenario enfrente de la moderadora, una mujer india cuyo nombre había fracasado en recordar. Sus piernas estaban cruzadas por la rodilla. (Las piernas sí las recordaría.) Tomó el vaso de agua…
«Lo Gris»—Sheila Heti
El mundo entero aún podría ser gris, como lo era en el pasado, en esas viejas películas. Pero un día los colores llegaron, en algún tiempo entre ese entonces y ahora. Creo que deben haber sido las guerras. Después de las guerras la gente dijo, Necesitamos alguna razón para estar menos molestos. Alguien sugirió, ¿Colores?…
«El Príncipe Feliz»—Oscar Wilde
En la cima de la ciudad, en una columna alta, estaba parada la estatua del Príncipe Feliz. Estaba adornado por hoja de oro fino, y por ojos tenía dos brillantes zafiros, y un rubí grande y rojo deslumbraba de la empuñadura de su espada. Él era muy admirado, así es. “Es tan bello como una…
«La Marca en la Pared»—Virginia Woolf
Tal vez era la mitad de enero de este año cuando miré por primera vez hacia arriba y vi la marca en la pared. Para poder obtener una cita es necesario recordar lo que una ha visto. Así que ahora pienso en el fuego; en la estable capa de luz amarilla que pega en la…
«C R O 0 C R»—Kurt Vonnegut
Todo era perfectamente estupendo. No había prisiones, ni barrios bajos, ni asilos mentales, ni inválidos, ni pobreza, ni guerras. Todas las enfermedades fueron conquistadas. También la vejez. La muerte, a excepción de los accidentes, era una aventura para voluntarios. La población de los Estados Unidos estaba estabilizada en cuarenta millones de almas. Una mañana brillante…
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